Árbol de fuego – Alfredo Espino

Poema de Alfredo Espino

Arbol de fuego

 

Son tan vivos los rubores
de tus flores, raro amigo,
que yo a tus flores les digo:
“Corazones hechos flores”.

Y a pensar a veces llego:
Si este árbol labios se hiciera…
¡ah, cuánto beso naciera
de tantos labios de fuego…!

Amigo: qué lindos trajes
te ha regalado el Señor;
te prefirió con su amor
vistiendo de celajes…

Qué bueno el cielo contigo,
árbol de la tierra mía…
Con el alma te bendigo,
porque me das tu poesía…

Bajo un jardín de celajes,
al verte estuve creyendo
que ya el sol se estaba hundiendo
adentro de tus ramajes.

 

Alfredo Espino, el poeta niño.

Abril

ABRIL

Pude haberla encontrado a la luz de la luna.

En la infinita madrugada.

Cuando las hojas nuevas brillan como cristales trémulos

Y las doncellas tiemblan de frío y de pudor.

 

Mas…

 

Era de día. Hacía calor. Ella temblaba

Mientras de sus labios entreabiertos como una flor

Se escapa ese pálido suspiro

Y sus mejillas se coloreaban de rojo crisol.

 

Sus ojos se encendían de mágicos amaneceres.

Se abrazaba mi alma a su pureza.

 

Abril llegó… y se fue.

Ella soñaba despierta y yo siempre la encontré

Con las mejillas alboradas de mil primaveras

Ya fuera de día o bajo la luna llena

Y siempre me entregaba su amor.

 

Sil.-

El último beso – prueba1

** Para la propuesta de este mes en Literautas escribí tres relatos, pero no todos se prestaban para el reto que quería lograr a toda costa. Como tengo dos relatos más con el título “El último beso” decidí aprovecharlo y convertí este en un intento de poema. No sé nada de métrica ni versos pares e impares, así que quizá sea un deplorable intento de poema, pero se los dejo para que ustedes juzguen. Espero sus comentarios.**

 

Dime por qué tu mirada se esquiva de la mía

Dime por qué callas y aprietas los labios y se te escapa ese lamento

Dime por qué no merezco siquiera que me dediques un pensamiento.

 

Ya no me quieres, lo sé, no tienes que decirlo

Me lo dice el aroma extraño en tu ropa

Me lo dice la distancia que pones en nuestra cama

Me lo dice esa mirada de recelo cuando pregunto cómo estuvo tu día

Me lo dicen tus lágrimas quemando mis noches y mis fantasías.

 

Ya no eres mía, lo sé, no tienes que huir de mis manos

Ya nunca volveré a sentir el sabor de tu boca borracha de insomnio

Ni se colará la luna a través de tu pupila contra la mía

Ni volveré a dormirme dentro de ti como tantas noches

Ya sé que nunca más serás mía… pero tampoco de nadie más

 

Descansa en paz mi amor, te cerraré lo ojos y te daré un beso

Para que nunca más

Tu mirada se esquive de la mía.