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El materialismo y la felicidad

¿Por qué creemos que las cosas nos dan felicidad? ¿Porqué miles y miles de personas, alrededor del mundo arriesgan sus relaciones, su salud y a veces hasta su vida, sólo por  acumular bienes materiales?

 

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Todos nos emocionamos con la novedad: Teléfono nuevo, casa nueva, carro nuevo, ropa, zapatos, muebles, joyas…  Cualquier cosa o situación nueva, excitante, promueve una descarga  de las hormonas de la felicidad (oxitocina, dopamina, endorfinas) lo que nos hace sentir eufóricos y alimenta una sensación de bienestar pasajera. Cuando esta sensación pasa, necesitamos una nueva descarga para seguir sintiéndonos bien y  buscamos la forma de repetir la experiencia realizando compras de cosas que en realidad no necesitamos, y así se prolonga un círculo vicioso muy parecido al provocado por las drogas.

La verdadera felicidad no es un estado de ánimo, por tanto no se puede producir con una descarga química del cerebro. La felicidad es la capacidad de aceptar nuestra realidad y tomar las acciones necesarias para cambiar y mejorar las áreas que consideramos que necesitan cambiar. No es conformismo ni sumisión, tampoco es rebelión y anarquía, sino, más bien, una sana mezcla de todo.

Desear cosas es parte de nuestra programación como seres humanos, que nos impulsa a mejorar, pero no significa que es el mayor propósito de nuestra vida, así como las cosas nuevas nos hacen sentir bien, las nuevas relaciones, nuevas habilidades adquiridas y nuevos retos también nos pueden proporcionar las emociones que nos impulsen a mejorar; pero la decisión de ser felices la debemos tomar a cada momento de la vida, inclusive en los aquellos que pueden ser adversos y buscar lo positivo donde otros no lo ven.

¿Por qué creemos que las cosas nos dan felicidad? ¿Porqué miles y miles de personas, alrededor del mundo arriesgan sus relaciones, su salud y a veces hasta su vida, sólo por  acumular bienes materiales? Porque cambiamos la verdadera felicidad por emociones pasajeras.

Encontrar la felicidad es un asunto demasiado vago, ya que depende de lo que entendemos por felicidad, pero si consideramos que es un estado de bienestar y satisfacción duradero, los expertos están de acuerdo en que hay algunas maneras de obtenerlo:

  1. Ayudar a otros.

Está demostrado que ayudar a otros reduce el estrés y nos da una perspectiva diferente de la vida, ayudándonos a no enfocarnos tanto en nuestro propios problemas, además de crear vínculos afectivos que benefician nuestra salud.

  1. Cuidar nuestra salud.

Hacer ejercicio, tener una dieta sana y balanceada, además de evitar los excesos con las bebidas embriagantes y estimulantes puede ayudarnos a tener una vida mejor y más larga.

  1. Perseguir nuestros sueños.

Mantenernos motivados por alcanzar nuestras metas es la manera ideal de tener la energía y alegría en el trabajo, lo que aumentará nuestro rendimiento y nos hará sentir satisfechos con nosotros mismos.

  1. Conectarnos con nuestra parte espiritual.

Rezar, orar, meditar… son actividades que nos conectan con una parte de nosotros mismos que a veces consideramos inaccesible, pero que necesitamos para sentirnos completos.

Así que, aunque lo material es muy necesario, no tiene que ser el centro de nuestra vida ya que nos da ratos de alegría, pero es en la búsqueda de un propósito donde está la verdadera felicidad.

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1 thought on “El materialismo y la felicidad”

  1. Profunda reflexión, Verónica. Lo material no deja de ser un sustitutivo, un efecto placebo que nos hace sentir algo parecido a la felicidad. Pero como tal, desaparece cuando sus efectos, la novedad, también lo hace. La verdad es que yo no creo en ella, pienso que su concepto, como el de salud ideal, es inalcanzable. Prefiero algo más humilde como es la satisfacción. Estar satisfecho por lo conseguido, por tu esfuerzo, por tu vida. Las frustraciones, la envidia, los celos, la tristeza, la alegría son emociones que no podemos evitar, que nos asaltan cuando menos lo esperamos y tenemos que asumirlas como parte de nuestra personalidad, sin negarlas u ocultarlas.
    Bien es cierto, como dices, que la propiedad nos genera la alegría del cazador, pero también el miedo a su perdida. Y eso nos hace cobardes, conservadores, desconfiados.
    Un abrazo!

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