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La maldición del oráculo

Letras & Poesía

A Tristán se le erizó la piel ante el murmullo sibilante que sacudió las hojas de los árboles, pero no cayó en la trampa. Siguió andando hacia atrás, mientras, su mirada fija al reflejo que temblaba entre sus manos. Tampoco podía perder la noción de las cosas ya que, como el oráculo le había dicho, el espejo le mostraba todo lo contrario de lo que realmente era. Si mostraba un camino amplio y luminoso, lleno de flores y árboles verdes y frondosos, era mejor no ir por ahí porque seguramente sería un camino estrecho, oscuro y con troncos muertos, quizá lleno de animales peligrosos.

Por momentos lo perturbaba la ilusión de que todo el bosque era un ser gigante, palpitante, al acecho. Sacudía la cabeza desechando esa idea y seguía andando, hacia atrás, sin miedo, sin vacilar.

—Un paso en falso puede costarte la vida —díjole al oído en murmullos ásperos…

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4 comentarios en “La maldición del oráculo”

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