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Cipitín (mitos de El Salvador III)

Mi tercer escrito para Letras&Poesía

Letras & Poesía

Para Marcela llegar a la escuela no era sólo un viaje de ida y vuelta, sino más bien una aventura donde arriesgaba la vida todos los días. Caminaba una hora bajo el techo, verde y cantarían, del cafetal; atravesaba la quebrada y, con el último aliento, se aventuraba en las engañosas aguas del río. Pero todo valía la pena, ya que el modo de pensar, extrañamente moderno, de su abuela, le permitía ser la única niña de su cantón que asistía a la escuela. Realizaba aquel viaje sola cada día gracias a que, desde la más tierna infancia, se había familiarizado con su hostil entorno.

Marcela podía reconocer los posibles escondrijos de las alimañas y los silbidos de las culebras, su oído era capaz de identificar varias decenas de aves por su canto y cada árbol, bejuco y matocho estaba fielmente registrado en su infalible memoria. Con sólo doce años…

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