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Deja Vu, una historia de amor sin fin.

Deja Vu, una historia de amor sin fin.

Lianne Hendersson sabe lo que quiere: Salvar al prometido de su hermana de una acusación falsa de robo para que puedan casarse y ser felices. El destino, sin embargo, le reserva una aventura sobrenatural y el encuentro con el amor que tanto ha rehuido en su vida.

Una historia de amor que no te puedes perder…

Una historia de amor sin fin
Portada elaborada en Canva.

Deja Vu, una historia de amor sin fin.

Capítulo 1.

Los truenos estremecieron la tierra  mientras el carruaje se desplazaba entre tumbos y sacudidas por la  carretera de terracería.

Otro rayo y Lady Hendersson aprieta sus delicadas manos en la piel de los asientos del carruaje. Su dama de compañía, Lady O´Bryan, desliza las cuentas de un rosario y lanza miradas furtivas a una caja forrada de terciopelo rosa atada con un listón negro.

—¿Qué pasará si el collar no llega a su destino a tiempo?

Lady Hendersson ignoró la pregunta de la dama mayor, no quería pensar en eso. Muy a su pesar la preocupación le trajo horribles presagios a la mente. ¿Su Nana nunca aprendería el simple significado de la discreción?

Sir Andrew Livingstone, prometido de su hermana,  había sido acusado del robo del collar. Ella había repetido infinidad de veces que su madre, antes de morir, lo había enviado al cuidado de su confesor, pero nadie le prestó atención. Andrew no había nacido de cuna noble, su título le pertenecía por adopción y si pesaba sobre él una acusación de ese tamaño no sólo sería rechazado en los círculos más finos de su sociedad, también podría sufrir la pena del destierro. Ahogó un gemido al pensar en ello.

“Pero, eso no pasará, porque el collar estará en la sala del Juez Roland antes de tres días”. O al menos quería convencerse de que así sería, después de todo lo que había hecho para conseguirlo.

De pronto el carruaje dio un salto tan brusco que ambas señoras cayeron de sus asientos. Antes de poder recuperarse, se dieron cuenta que la velocidad del coche aumentaba y las sacudidas se intensificaban.

—¿Qué está pasando?

Preguntó a gritos la señora  O´Bryan, pero Lady Hendersson no la escuchó ocupada en alcanzar la caja que se mecía de un lado a otro en la rejilla destinada al equipaje.

De pronto un golpe en seco lanzó a las dos mujeres hacia la parte delantera. Lianne se sintió sacudida una y otra vez hasta que, con un crujido y otro golpe, el coche se detuvo quedando de lado. No se escuchaba ningún sonido. La joven esperaba que le cochero llegara apresurado a ver cómo estaban, pero eso no pasó. ¿Tendrían que escapar solas del coche volcado y maltrecho?

—Nana… Nana… ¿Estás bien?

Un sordo gemido fue toda la respuesta. Lianne Hendersson intentó levantarse, pero no sabía dónde era arriba y dónde abajo.

—Nana… —gimió de nuevo, mientras buscaba un asidero para incorporarse pero le daba vueltas la cabeza y le dolían los brazos y las piernas.

Un crujido y el mundo se inclinó  treinta grados. Estaban a punto de caer al barranco.  El pánico se apoderó de ella.

—¡Cochero!… ¡Alguien! ¡Auxilio!

—Li… Linny…

—Nana, levántate, por amor de Dios, tenemos que salir de aquí.

Un nuevo crujido y una sacudida más. “Vamos a morir” pensó Lianne y entonces se acordó de la caja con el collar. Si no se apresuraban a salir caerían al fondo del barranco, no había salvación ni probabilidad alguna de salir de ahí con vida y con el collar, que no conseguía ver por ninguna parte.

—¡Auxilio! —gritó quitándose de encima algunas prendas voluminosas que habían escapado del equipaje— Alguien… pronto.

Un brazo musculoso hizo su aparición a la luz de un rayo y asió los brazos de Lady O´Bryan y la sacó del coche. Lianne sintió un gran alivio, pero todavía no veía la caja. ¿De qué serviría salvar la vida sino tenía la prueba de la inocencia de Andrew?

—Señorita, deme la mano.

—Mi collar, no lo encuentro.

—Podrá comprarse miles de collares igual a ese, deme la mano o morirá.

¿Miles de collares igual a ese? ¿Quién pensaba ese impertinente que era  ella? En su condición actual no podría comprar un collar de la mitad del valor de ese.

—Usted no entiende…

—No, no entiendo ni me importa entender, la voy a sacar de aquí quiera o no.

El desconocido metió medio cuerpo por la puerta del coche, pero como estaba de lado parecía que entraba por el techo. La agarró de las manos sin ninguna ceremonia y tiró de ella con fuerza. Lianne pateaba y gritaba.

—¡No puedo perder el collar! Tengo que salvar a Andrew, suélteme. ¡Salvaje! No me toque.

Lianne lanzó la mano en un intento de bofetada pero no alcanzó más que a rozarle el rostro con las uñas.

—Mire, señorita, si quiere arremeter contra la persona que le salvó la vida sin ninguna obligación para ello, estaré encantado de atenderla como se merece después. Por si no lo ha notado su madre está herida, hay que llevarla pronto con un médico.

Lianne miró en la dirección que el hombre le señalaba y vio a Lady O´Bryan sentada bajo un árbol completamente empapada. Hasta entonces se dio cuenta que no había dejado de llover y los tres estaban empapados.

—Nana, ¿cómo te sientes?

Se agachó frente a ella sintiéndose culpable por haberse olvidado de ella. Lady O´Bryan, sin embargo, apenas abrió los ojos dijo en murmullos entrecortados.

—Mi niña… el collar…

—¿Qué tiene ese collar que no les importa su propia vida por él?

Lianne se incorporó y fue hacia él.

—Le ruego me perdone por mi comportamiento, usted nos salvó y  se lo agradezco. ¿Podría llevarla a un médico, por favor?

El hombre alto, cuyos rasgos no alcanzaba a distinguir en la oscuridad, pareció aplacar su enojo.

—No tengo más que un caballo, pero hace poco salí de una posada cercana, será una caminata de una media hora a pie, señorita.

Lianne sintió el peso de su alma mientras, fatigada, se arrastraba entre el fango al lado del desconcocido, él guiaba su caballo montado por Lady O´Bryan hasta la posada. Según él un médico había estado ahí le día anterior y esperaba encontrarlo aun.

Llegaron rayando el alba y ella se alegró tanto que sacudió a su Nana que se había quedado dormida.

—¡Mira Nana, hemos llegado!

La señora no respondió.

—¡Nana, despierta! Llegamos a la posada… Nana… ¿Qué tienes? ¡Dime algo!… ¡Nana!

—Señorita, cálmese.

—No me diga que me calme, ella no responde.

—Hágase a un lado.

A los gritos, varios hombres salieron de la posada y la sostuvieron mientras su acompañante bajaba a la dama de la cabalgadura. Lianne esperó sin aliento hasta que él se levantó y la miró con tristeza.

—Ha muerto.

Lady Henderson cayó desvanecida en sus brazos.

 

—Linny… Linny, cariño. Despierta, es hora de irnos.

Lianne abrió los ojos y el rostro de Lady O´Bryan, su Nana, la recibió a su regreso del mundo de los sueños.

—¿Dónde estamos? —preguntó la joven dirigiendo su mirada en todas direcciones, confundida.

—En una posada. Vamos de vuelta a casa. Estabas muy agitada, parecía que sufrías una pesadilla horrible.

Lianne se sentía angustiada, no sabía la razón. Debió ser una pesadilla muy perturbadora, pero no la recordaba.

—No tiene importancia —Apartó las sábanas y salió de la cama deprisa—. Es necesario emprender camino hoy mismo si queremos llegar a tiempo.

—¿Estás segura? Parece que habrá una fuerte tormenta.

Lianne vio en su mente muy nítida la imagen de un rayo iluminando un camino fangoso, pero la imagen se desvaneció en lo profundo de los recuerdos y se convirtió sólo en una extraña sensación de familiaridad.

Emprendieron el viaje en el coche de la familia llevando en el portaequipajes una exquisita caja forrada de terciopelo rosa con un listón negro.

Fin del capítulo 1.

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