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No era un cuento de amor

Diana estaba viviendo su primera relación sentimental. Todo era color de rosa. Los primeros días fueron como un sueño realidad. Él parecía tan atento, tan protector… Mmmh, bueno, tal vez demasiado protector, pero eso era sólo porque realmente la quería. Él era un modelo del novio perfecto, sólo que no lo era.

¿Qué piensas cuando alguien menciona la violencia psicológica? Lo primero que se nos viene a la mente son los insultos, las humillaciones, los portazos, arrojar cosas, etc. Pero todo lo mencionado es  la última etapa de la violencia psicológica, más bien es la preparación para pasar a la violencia física.

En su primera etapa la violencia psicológica pasa completamente desapercibida, por esa razón, es raramente reportada.

En esta primera fase el agresor  puede parecer una persona sumamente considerada, estar insistentemente cerca de la víctima con la excusa de la protección y comenzar a ejercer un sutil control sobre su vida, por ejemplo, saber sus horarios, tener acceso a sus contactos y otra información que en un principio puede parecer inofensiva.

En la segunda etapa es muy probable que la víctima aún no se dé cuenta que está sufriendo violencia psicológica y aún no decida actuar en consecuencia. Las manifestaciones de la segunda etapa pueden parecer evidentes para las demás personas, especialmente allegados de la víctima, pero no lo será para esta ya que ha sufrido el fenómeno de aclimatación y no ve mucha diferencia entre lo que sucedía en su relación hace algunos días o semanas con lo que sucede en la actualidad. Puede haber comentarios destinados a menospreciar, muchas veces en forma de broma: el aspecto, costumbres, emociones, trabajo y otras actividades importantes para la víctima. Aún se mantiene la excusa de la protección y preocupación disfrazando las intenciones de suprimir la voluntad. En esta etapa pueden aumentar sutilmente las tácticas de control y surgir la dependencia.

Muchas veces cuando la víctima reconoce lo que está viviendo ya existe un fuerte lazo que la une con el agresor, pero hay que enfatizar que nunca es demasiado tarde para poner un alto. La tercera etapa es la de los gritos, se enoja fácilmente y le echa la culpa a la víctima por su mal humor, cierra la comunicación, mantiene la superioridad sobre la víctima y cuánto más dependa esta económica o emocionalmente del agresor más ejercerá este dominio sobre ella.

Las personas que ejercen violencia psicológica son personas pasivas, calculadoras y tienen claro cuál es su objetivo: anular a la víctima para someterla y mantener su estatus de superioridad.

—¿Cómo pudo cambiar tanto? —pregunta Diana llorosa.

Lo que Diana no puede ver es que su novio no cambió, ya que siempre fue así.

Tanto hombres como mujeres debemos estar conscientes de nuestro valor como personas, lo que nos hace valiosos nadie nos lo puede quitar y no debemos permitir ni una mirada, ni un gesto, ni una palabra que nos menosprecie como individuos.

Si una conducta de humillaciones, condescendiente, controladora y emocionalmente agresiva se repite constantemente eso se llama violencia psicológica: No la permitas. Si es necesario denuncia y aléjate de esa relación.

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1 comentario en “No era un cuento de amor”

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